La resurrección de Cristo desde el flamenco.

*Por Federico Lartigue
@FedeLartigue

El sábado 7 de abril asistí al espectáculo “A ti, Olivos y Espinas” en la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA). La obra fue escrita y dirigida por Leonardo Cerrizuela y representada por alumnos de la “Claudio Arias Academia”.

En la primera escena Jesús es crucificado por los soldados romanos y el sanedrín. La obra comienza con el final de la pasión. Este Vía Crucis utiliza una sumatoria de elementos que lo hace muy especial. Combina flamenco, música en vivo y actuación, y agrega un plus escénico de la mano de la dirección de Cerrizuela y el despliegue de talento de los bailarines y músicos.

Esta no es la primera vez que el teatro fusiona música y actuación. La danza jazz y la comedia musical ya lo habían hecho, pero nunca con el flamenco. Esta danza tiene su propio lenguaje y expresividad: zapateos, palmadas, brincos. Manifestar la alegría, el dolor o la pasión a su manera, mediante los distintos palos (tipos) de flamenco.

Los actores: Claudio Arias, Agustina Grigera, Juan Martín Ayala, Paula Savall, Juan Cruz Andrade y Sol Roldan lograron trasmitir las emociones escénicas, no solo con el flamenco que es lo que estaban acostumbrados a hacer, sino también con la actuación. Claudio Arias convocó a Leonardo Cerrizuela para la primera experiencia de los estudiantes de la academia en sumar teatro a la danza. “Leonardo nos tuvo mucha paciencia porque el teatro y el flamenco tienen un lenguaje diferente.” – explicó Agustina Grigera, quien interpretó a María la madre Jesús, durante la entrevista – “El flamenco ayuda porque es muy dramático de por sí, pero hay códigos muy diferentes. Y al principio nos tentábamos, nos reíamos, hasta que pudimos meternos adentro del personaje.”

Luego, Juan Martín Ayala, quien representó a Juan, agregó: “En los shows de flamenco están muy marcados el gesto con el baile. Sí tenés que actuar, pero mientras bailas. Es distinto en esta obra porque hay un conjunto de emociones que se reflejan: la ira, el sufrimiento, el dolor, la alegría. Nosotros veníamos acostumbrados a que por cada baile tenés una emoción. Tenés que unir un conjunto de emociones con expresión que es bastante rebuscado y difícil”.

Ver una representación de Jesús saltando y zapateando puede parecernos extraño. Quizás rompa con la imagen tradicional de Jesucristo y pueda molestar a quienes prefieren las representaciones seculares. Pero es importante dejar de lado las formas y dogmas habituales para poder disfrutar espectáculos de este tipo. En “A ti, Olivos y Espinas” no verán un Jesús zapateando, si no la resurrección de Él con el lenguaje del flamenco. La obra de Leonardo Cerrizuela es un homenaje único y singular a Cristo.

Entrevista a Leonardo Cerrizuela.

¿Contanos tu experiencia al fusionar flamenco y teatro?

Fue difícil ponerle una historia porque el flamenco mantiene una estructura muy cerrada. Logramos crear la primera fusión entre el teatro, el flamenco, la música en vivo y eso no hubiera sido posible sin el apoyo del teatro UOCRA y Gastón Barral.

¿Cómo llegaste a trabajar con los chicos e la academia de Claudio Arias?

A Claudito lo conocí hace un tiempo, es un gran artista al que respeto mucho, él me convoca para trabajar en su academia como profesor de teatro para empezar a fusionar esto de la actuación en el baile flamenco. Porque en la comedia musical, la danza jazz o el tap ya fueron fusionados, hay de todo tipo. Pero el flamenco no. Es muy específico, por eso digo que es una locura.

Pero, ¿por qué fue es tan difícil?

Costó el principio que los chicos entendieran que íbamos a seguir una historia, un hilo conductor, que podían apoyarse en frases o en palabras. Empezamos por el final del Vía Crucis, por la crucifixión. La idea era dejar el mensaje final, de la resurrección que tiene que ver con eso también. Esta semana tiene una carga muy importante, para los que son creyentes y para los que no también. Históricamente y políticamente, hay un antes y un después de Cristo.

Además, la historia la conocen todos, pero entender que lo que estamos haciendo es contar un cuento y que la gente tiene que realmente entender lo que estamos haciendo es un poco difícil. Cuando el lenguaje al que los chicos están acostumbrados es otro. Ellos hablan con los pies. Hablan con las manos. Muchas escenas que debería resolver en teatro con gestos, con palabras, con diálogos parten del baile de ellos. Ellos hablan con el cuerpo, con sus movimientos. Y eso es lo que más trabajamos y el seguir en escena, el continuar con la situación, con la historia era lo que más les causaba gracia, porque en el tablao están acostumbrados a seguir el compás o a darle el compás al compañero que está bailando. Pero lo que les resultaba raro era eso. Hasta que lo logramos.

¿Cómo se te ocurrió la idea?

Bueno, yo tengo la locura de muchos artistas que es que lo sueño. Cuando leo un libro o me presentan un texto, mientras lo voy leyendo, inmediatamente me voy haciendo la película, no lo puedo evitar. Lo que me cuesta muchas veces es llevar lo que tengo en la cabeza a la realidad, porque te encontrás con tiempos, con presupuestos, con horarios, con pedir que venga tal o cual artista. Lo sueño de una manera, después entra en juego la disponibilidad y a partir de ahí está la capacidad de uno artísticamente de resolverlo.

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