El Organito que siempre vuelve

Buenos Aires fue la “tierra prometida” para muchos inmigrantes quienes buscaron comenzar una nueva vida. Los hermanos Discépolo retrataron esta realidad en la pieza teatral El Organito, donde una familia italiana enfrenta las adversidades cotidianas para llevar un plato de sopa a la mesa.

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El próximo domingo 11 de diciembre será la última función del año de El Organito, dirigida por Gonzalo Villanueva, en el teatro La Vieja Guardia. En marzo de 2017 el segundo ciclo de esta obra clásica del teatro argentino.

La obra está situada en la década del veinte del siglo pasado, cargada de elementos simbólicos nos transporta a la Buenos Aires de aquellos días. Tiene una “italianidad” fuertemente marcada a través de la escenografía, pero muy particularmente en la caracterización de sus personajes.

Los actores logran representar los modismos, ademanes y expresiones “tanas” con una gran pericia, es fácil sentir empatía con ellos. Alexia Escobar interpreta a Anyulina, una madre sumisa y sufrida a causa de los abusos de su marido, Saverio por Diego Freidson, un hombre avaro y mezquino que explota a sus propios hijos con fines económicos. Escobar transmite la angustia y desdicha de aquella pobre mujer, mientras que Freidson la picardía maliciosa de un hombre sin integridad.

Sus hijos: Florinda, Nicolás y Humberto (Arana, Escande y Parente respectivamente) son el reflejo de la falta de espacios para insertarse laboralmente, obligados casi hasta a mendigar, estos jóvenes actores nos muestran la tristeza de su realidad pero su fuerza para salir adelante, al revelarse y enfrentar al tirano. Finalmente tenemos a Roberto Grumberg y Matías Lodeiro en la piel de Mamma Mía y Felipe, con un estilo grotesco que nutre la esencia de los personajes.

Por su parte, Gonzalo Villanueva nos habló de su compromiso con el teatro, este joven director considera que la humanidad es algo que nunca debe faltarle a la dramaturgia. Y particularmente, con esta pieza, busca llevar la obra de los hermanos Armando y Enrique Discépolo a las nuevas generaciones.

Entrevista a Gonzalo Ariel Villanueva.

¿Cómo te sentís con la obra?

Muy bien, buscamos darle un poco más de expresividad al cuerpo, dentro de lo trágico que es la obra, virarlo hacia lo grotesco con algunas cositas cómicas. Lo grotesco es la consistencia entre lo trágico y lo cómico.

¿Cómo manejaron los signos en torno a la Italianidad?

Fue un proceso de investigación: ver películas italianas, comparar con otras obras o adaptaciones argentinas, para ir acercándonos al trabajo y respetamos el texto tal cual está escrito. Digamos, los personajes que son inmigrantes italianos que están en lo que se llama el cocoliche, la mezcla italocriolla. Hubo un trabajo arduo de los actores para que no se pierda la verosimilitud en el trabajo.

¿La obra encierra alguna crítica social?

Por supuesto los Discépolo escribieron sobre su época, y su época fue de un aluvión inmigratorio importantísimo, en las primeras décadas del siglo XX llegaron muchos inmigrantes sobre todo italianos y los Discépolo escribieron mucho sobre ello. Sobre todo acerca del fracaso de la inmigración, algunos se quedaron y lograron hacer La América, pero otros tuvieron que volver a sus países. Un poco habla de eso la obra, del fracaso.

¿Se puede adaptar a los problemas de inmigrares actuales en Buenos Aires?

Creo que se puede hacer un trabajo teatral puesto que somos un país de inmigrantes, hemos sido forjados por italianos, españoles, turcos, judíos y seguimos recibiendo inmigrantes porque de hecho hay muchos latinoamericanos viviendo acá. Ha habido un aluvión de colombianos, peruanos, paraguayos, somos un país de inmigrantes y el teatro puede hablar de ello pero de una manera distinta a cómo lo hicieron los hermanos Discépolo ya que son otros tiempos. En esa época había una cantidad de habitantes que con la llegada de la gran inmigración pasó a ser el doble de gente que había, entonces por eso no les quedaba otra que vivir hacinados en conventillos

En relación a la obra de los Discépolo, ¿creés que es necesario revalorizarla?

La tanada es difícil, pero yo siento la obligación como teatrista y como hombre del teatro argentino de representar éstas obras porque algunas generaciones nuevas que hacen teatro no las conocen. Y además, como han dicho muchos autores referentes, Discépolo es nuestro Shakespeare, lo tenemos que hacer siempre.
Esta obra tan importante para nosotros, escrita por estos dos monstruos que tiene mucha actualidad porque los temas que hablan, más allá de estar implicados en la inmigración, son temas universales, temas de la humanidad que siento que tenemos que seguir revalorizando porque el teatro no se puede quedar sin humanidad. Yo veo nuevas generaciones que por el hecho de buscar la vanguardia dejan de lado la humanidad, y pienso que eso no tiene que pasar.

Encuentros necesarios

*Por Federico Lartigue
@FedeLartigue

Un almuerzo entre amigos, como cualquier otro. La camaradería queda al descubierto en un encuentro donde relatan sus vidas: sus problemas maritales, tristezas, desilusiones, proyectos frustrados, sueños naufragados. Son cinco compañeros de toda la vida que enfrentan la crisis de la mediana edad, se enfrentan a sí mismos, a lo que querían ser y a eso que, como pudieron, llegaron.
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Desde el viernes 7 de junio se exhibe “Almuerzo en la Pura” en el teatro La Galera, Humboldt 1591, a las 22.30 horas. Escrita y dirigida por Ramiro Bianchi, la obra narra una reunión de cinco amigos que atraviesan la crisis de la mediana edad.
La hipocresía condimenta la obra en un sentido positivo. Esa que une en vínculos fuertes, la responsable de no decir lo que se piensa para que nadie salga lastimado. En la obra, los personajes callan lo que pueda generar una herida en el otro pero la solidaridad y el cariño que comparten se hacen presentes mediante la función más sencilla que puede tener un amigo: acompañar.
Ramiro Bianchi supo reflejar en los personajes de qué se trata atravesar aquella crisis de los cuarenta, mirar atrás, reflexionar cuáles fueron las victorias y los fracasos, cómo los prejuicios a veces nos alejan del otro. También introduce subtemas como el divorcio, la homosexualidad y la inseguridad que enriquecen la producción y generan una fuerte identificación con el relato.
El elenco que encarna “Almuerzo en la Pura” – Flavio Abraldes, Natalia Castrege, Eva Matarazzo, Juan Pablo Parigini, Pablo Scorcelli y María Soledad Siboldi – realiza un desempeño impecable. A través del recurso teatral de la contra escena, representan a modo de flash back anécdotas de los personajes. Salen y entran de la piel de los protagonistas. Van del pasado y al presente con tanta naturalidad que enaltece la puesta en escena.
Al entrevistar a Ramiro Bianchi, él mismo nos explicó el desafío de llevar adelante la obra.

 – ¿Cómo te sentiste con “Almuerzo en la Pura”?

Bien, se dio un buen proceso de evolución. No la escribí para nadie en particular, tampoco la hice solo. Empecé a hacerla con un grupo de gente, y después decidí trabajar con personas que no conocía. Con actores que había visto actuar en algún lugar o que me mandaba material, después empezamos a hacer reuniones.

– Entonces, ¿no conocías al elenco antes de escribir la obra?

No, los seis actores son de escuelas actorales distintas: de comedia musical, de cortometrajes, o que recién inician. Gente de distintos palos.
Entonces cada uno fue aportando desde su lugar, que era lo que yo pretendía, una mirada sobre los personajes muy distinta. Todavía hoy lo están armando.

– Contanos la experiencia de trabajar con actores que no se conocían.

Lo más interesante fue armar un vínculo, no de amistad porque no lo somos. Pero que ellos puedan lograr en poco tiempo creerse que son amigos, generar un vínculo como una amistad. Cada uno va haciendo su aporte, en muchas cosas, en el texto hay cosas que quedaron y cosas que no. Está bueno el grupo. Se armó un equipo de gente que se ayuda en los ensayos. Pero lo interesante fue cómo influyeron distintas ideas y lecturas sobre una línea. A veces complejizó y nos quedamos dos horas hablando sobre dos renglones, pero está bueno, ellos lograron parecer cinco amigos en el escenario.

– ¿El principal tema es la hipocresía dentro de la amistad?

Creo que hay algo de eso… a mí me parece que después de un cierto tiempo la amistad y la familia se parecen un poco. Le pongo un sentido positivo a la hipocresía, en el sentido de cosas que se callan para no lastimar al otro, o que se piensan. Pero son personajes antagónicos que terminan siendo solidarios entre ellos mismos, más allá de lo que piensan, y eso tiene que ver con un vínculo anterior a la escena en sí.

– La comedia hace referencia a encuentros y desencuentros, ¿por qué? 

Mirá, yo tengo casi cuarenta años, y hoy en día lo que pasa es eso, si te juntás con la familia o con amigos lo que sucede es eso, si no te divide la política, lo hace la tecnología. La gente está encontrándose en otros medios. Básicamente hay encuentros o desencuentros. Pero no se trata de un reencuentro, sino de “el encontrarse”. Se va perdiendo la posibilidad de encuentro y de charla porque los diálogos son cada vez más disruptivos. Quizás porque uno ya tiene hijos o demasiados compromisos laborales pero creo que acá está el encuentro que es importante, no un reencuentro por Facebook, no pasa por ahí. La idea está en mostrar cuánto nos está costando encontrarnos y darnos a conocer.

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Autor y Dirección: Ramiro Bianchi.
Elenco: Flavio Abraldes, Natalia Castrege, Eva Matarazzo, Juan Pablo Parigini, Pablo Scorcelli y Maria Soledad Siboldi.
Asistente de Dirección y Producción: Laura Wasiman.
Escenografía: El Fino.
Vestuario: Wanda Wajszczuk.
Arreglos Musicales: Luis Maria Bruvera.
Diseño Grafico: Fernanda Presa.
Fotos: Jóse Ludovico.
Teatro:  Teatro La Galera, Humboldt 1591, C.A.B.A., Argentina.
Funciones: Viernes 22: 30hs.
Reservas: (011) 4771-9295 / 153-150-2003. Localidades : $60. Más info  info@lagaleraencantada.com.ar
Finalización: Último viernes de octubre.

 

Tercera temporada de “Quiero pasar una tarde con Franco”

*Por Federico Lartigue Debián
@FedeLartigue

Desde hace ya tres años “Quiero pasar una tarde con Franco” es un éxito en los teatros porteños. El ciclo 2012 se lleva a cabo en el Multiespacio Los Ángeles, Av. Corrientes 1764, todos los sábados a las 23 horas.

Su director, Martín Marcou, supo combinar drama y humor en una obra sencilla pero con un mensaje de igualdad muy fuerte. Logró conectar a los personajes para contraponer lo grotesco y la ternura.
Valentino invita a Franco a tomar el té después de recibir su ayuda en un accidente, pero el encuentro de estos enamorados será interrumpido por la aparición de cada uno de los demás personajes, quienes traerán consigo cargas emotivas muy diferentes a las del amor.
El despliegue actoral de “Quiero pasar una tarde con Franco” es impecable. El elenco: Marco Gianoli, Gabriel Zuccarini, Puchi Labaronnie, Rosario Sabarrena, Pedro Aggollia y Eugenio Davide cautiva al público desde el principio del espectáculo. Cada uno de ellos aporta una cuota de humor ácido, que por momentos se vuelve negro, pero enriquece y alimenta la historia.
En la función del sábado 28 de abril, Martín Marcou recibió una mención especial de la Federación Argentina de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGTB) y de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) por su militancia en post de los derechos de los homosexuales. Al premiarlo recalcaron que el cambio no es solo desde lo legal – refiriéndose a la ley de matrimonio igualitario y la ley de identidad de género aún no sancionada en ese entonces – si no mas bien cultural. Las producciones de Martín Marcou son un gran aporte a esta causa.

– ¿Cómo te sentís con “Quiero pasar una tarde con Franco”?

Me siento muy cómodo con la obra. Ya es el tercer año así que un poco quedó en mano de los actores. Son ellos los que la llevan adelante. Yo funciono un poco como el acompañante de esta aventura que ellos vienen recorriendo hace tres años.

– ¿Es el mismo electo de siempre?

Vario el actor que hace de Franco, las dos primeras temporadas fue Hernán Lettini, que hoy vino de sorpresa a la función. Fue el único que se modificó por Gabriel Zuccarini.

– ¿Qué buscabas transmitir con la obra?

Quería configurar el encuentro de dos mundos con realidades totalmente diferentes y antagónicas. Mostrar el amor como ese reactor que puede contra todo y tenga un mensaje esperanzador. Sé que la obra por momentos es cruel y tiene un humor bastante ácido, hormonal y corrosivo. Pero todo esto se termina atemperando. El amor es ese elemento universal que todo lo puede. Las distintas formas del amor están en todos los personajes.

– ¿Franco y Valentino vienen de dos mundo diferentes?

Sí, en realidad tiene que ver con una cuestión de ejes generacionales porque Valentino tiene 21 años y Franco 34. Esa diferencia de edad hace que tengan vivencias y recorridos diferentes y eso se nota en el encuentro.

– ¿Esperabas el reconocimiento de la Federación Argentina LGBT y la CHA? 

No (risas).

– Y cuándo los viste subir al escenario, ¿qué sentiste?

En realidad no sabía bien lo que pasaba; me dijeron que era una sorpresa. Pero yo no sabía bien a que venía. Estaba nervioso (risas).

– ¿Qué estás haciendo como militante?

Estamos haciendo un trabajo muy grande dentro de las cárceles que no tiene precedentes. Dictamos talleres de teatro, tango, murales y nos acercamos a los internos según sus necesidades. Hace poco hicimos un festival de diversidad sexual dentro de los módulos y en los pabellones de la Colonia Penal de Ezeiza. Se han hecho jornadas de murgas para jóvenes adultos. Vamos a hacer un programa de alfabetización en la comuna 15 de Chacarita que nosotros, como agrupación política, venimos trabajando. Esto es algo que me apasiona. El teatro y la política me apasionan. El “Vatayón Militante” es una agrupación política peronista, y kirchnerista por añadidura, por eso la “V”.

Martín Marcou

Hijos de los 90´.

*Por Federico Lartigue
@FedeLartigue

El sábado 5 de mayo se realizó el estreno de “Éramos Tan 90´” en el teatro El Arlequino, Adolfo Alsina 1484. La obra fue escrita, dirigida y actuada por Gonzalo Yanacón con la participación de Verónica Lorincz.

Cargada con una fuerte crítica a aquella década, “Éramos Tan 90´” comienza con una serie de afiches de algunos funcionarios de aquel entonces como Carlos Corach, María Julia Alsogaray, Domingo Cavallo y Carlos Menem entre otros. Sus protagonistas describen como era la vida en aquellos días de pizza con champagne e ilusoria estabilidad.

Con la sangrienta dictadura cívico militar de Jorge Rafael Videla se implementaron las políticas neoliberales en nuestro país. Estas consistían en producir y exportar solo materias primas e importar las secundarias y terciarias. De esta manera Argentina inició un período de desindustrialización y potenció su dependencia con Estados Unidos.

Carlos Menem, durante su mandato, profundizó las medidas neoliberales mediante las privatizaciones de servicios públicos, la apertura irrestricta del mercado y las leyes de flexibilización laboral. La complicidad de aquel gobierno con el sector corporativo y las potencias imperialistas sumergió a nuestro país en la miseria y el desempleo.

“Éramos tan 90´” es un claro reflejo de aquellas años. Durante la puesta en escena, Gonzalo Yanacón y Verónica Lorincz, explican como vivieron su infancia con los perjuicios que las medidas Neoliberales ocasionaron en nuestro país. Describen, desde su vivencia, como creció el desempleo a causa de la apertura irrestricta del mercado que llevó a la quiebra a miles de pymes que no pudieron competir.

Pero estos artistas no solo rememoraron los 90´ por sus daños políticos y económicos, también lo hacen por aquellos días mágicos de la infancia. La obra casi no utiliza escenografía se basta con diversos elementos íconos para quienes crecimos en esa década como juguetes, triciclos, álbumes de figuritas o publicidades radiales y televisivas.

Pero Gonzalo y Verónica no estuvieron solos, junto a Facundo Carmona y Florencia Hansen supieron enriquecer el espectáculo con música, coreografías, disfraces y proyecciones audiovisuales. Una ardua tarea que les llevó casi tres años terminar.

 

¿Cómo surge “Éramos tan 90´”?

Gonzalo – La idea fue mía, siempre me llamó la atención el tema de los 90´, más que nada todo lo comercial de la década. Y después fui profundizando en lo político y lo mezclé con lo personal. Vero surgió porque artísticamente somos muy parecidos, tenemos muchas cosas en común, nos gusta el mismo estilo de teatro y la vi en una muestra en un seminario que hizo sobre los 90´. Ahí se me disparó la idea de hacer algo con esa época. Igual yo siempre supe que tenía ganas de hacer algo con ella.

Verónica – También nos reíamos mucho de la música de esa época. Y bueno, él vino con la idea y empezamos a hacer el trabajo hablando de lo que nos acordamos y empezamos a anotar, a experimentar. Estábamos los dos solos con nuestras almas (risas).

 

¿Y el resto del equipo?

Verónica – En otro seminario lo conocimos a Facundo y Gon lo invitó. La verdad es que Facundo nos ayudó un montón porque Gonzalo dirigía y actuaba, no podía estar en todo. Flor es amiga de Facu que está en la parte de producción que es lo que estudia y Mariano está a cargo de la prensa.

Gonzalo – Cuando apareció Facu, la obra dio un giro completamente, si bien la puesta estaba más o menos encaminada, todavía no estaba terminada. Al principio estábamos en islas. Eran escenas sueltas porque como la obra no tiene un hilo conductor, no tiene un principio y un fin, se puede representar cualquier parte en cualquier momento. Facu fue armando la continuidad, la puesta, los puentes y nos sirvió muchísimo. También nos ayudó con los videos y las coreografías

Verónica – Algunas escenas las sacamos directamente, otras las acoplamos. Queríamos ir de algo dramático a otra cosa. Y así que la obra no sea densa. En el momento que pueda aburrir, de golpe corte y a otra cosa.

 

¿Cómo eligieron la estética?

Gonzalo – La idea es que sea un despoje y que el despoje se convierta en un desorden, que las cosas que estén, cosas que quedan pero tienen que ver con la escena, no te remitían a otra cosa. Y eso tenía que ver con la década. Del tema de la ropa, mi idea era usar ropa de ahora. ¿Viste que ahora se venden remeras en la Wall Streat con el logo de Pumper Nick? Pero después dije no, vamos a conseguir la ropa que se usaba en esa época.

 

¿Cual es el género? Porque no es un monólogo. Se exponen mucho.

Verónica – Es teatro Auto Referencia, porque las historias que contamos son nuestras. Y si, nos exponemos un montón. Hay que tener mucho valor (risas). Yo no me siento una adulta todavía.

La resurrección de Cristo desde el flamenco.

*Por Federico Lartigue
@FedeLartigue

El sábado 7 de abril asistí al espectáculo “A ti, Olivos y Espinas” en la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA). La obra fue escrita y dirigida por Leonardo Cerrizuela y representada por alumnos de la “Claudio Arias Academia”.

En la primera escena Jesús es crucificado por los soldados romanos y el sanedrín. La obra comienza con el final de la pasión. Este Vía Crucis utiliza una sumatoria de elementos que lo hace muy especial. Combina flamenco, música en vivo y actuación, y agrega un plus escénico de la mano de la dirección de Cerrizuela y el despliegue de talento de los bailarines y músicos.

Esta no es la primera vez que el teatro fusiona música y actuación. La danza jazz y la comedia musical ya lo habían hecho, pero nunca con el flamenco. Esta danza tiene su propio lenguaje y expresividad: zapateos, palmadas, brincos. Manifestar la alegría, el dolor o la pasión a su manera, mediante los distintos palos (tipos) de flamenco.

Los actores: Claudio Arias, Agustina Grigera, Juan Martín Ayala, Paula Savall, Juan Cruz Andrade y Sol Roldan lograron trasmitir las emociones escénicas, no solo con el flamenco que es lo que estaban acostumbrados a hacer, sino también con la actuación. Claudio Arias convocó a Leonardo Cerrizuela para la primera experiencia de los estudiantes de la academia en sumar teatro a la danza. “Leonardo nos tuvo mucha paciencia porque el teatro y el flamenco tienen un lenguaje diferente.” – explicó Agustina Grigera, quien interpretó a María la madre Jesús, durante la entrevista – “El flamenco ayuda porque es muy dramático de por sí, pero hay códigos muy diferentes. Y al principio nos tentábamos, nos reíamos, hasta que pudimos meternos adentro del personaje.”

Luego, Juan Martín Ayala, quien representó a Juan, agregó: “En los shows de flamenco están muy marcados el gesto con el baile. Sí tenés que actuar, pero mientras bailas. Es distinto en esta obra porque hay un conjunto de emociones que se reflejan: la ira, el sufrimiento, el dolor, la alegría. Nosotros veníamos acostumbrados a que por cada baile tenés una emoción. Tenés que unir un conjunto de emociones con expresión que es bastante rebuscado y difícil”.

Ver una representación de Jesús saltando y zapateando puede parecernos extraño. Quizás rompa con la imagen tradicional de Jesucristo y pueda molestar a quienes prefieren las representaciones seculares. Pero es importante dejar de lado las formas y dogmas habituales para poder disfrutar espectáculos de este tipo. En “A ti, Olivos y Espinas” no verán un Jesús zapateando, si no la resurrección de Él con el lenguaje del flamenco. La obra de Leonardo Cerrizuela es un homenaje único y singular a Cristo.

Entrevista a Leonardo Cerrizuela.

¿Contanos tu experiencia al fusionar flamenco y teatro?

Fue difícil ponerle una historia porque el flamenco mantiene una estructura muy cerrada. Logramos crear la primera fusión entre el teatro, el flamenco, la música en vivo y eso no hubiera sido posible sin el apoyo del teatro UOCRA y Gastón Barral.

¿Cómo llegaste a trabajar con los chicos e la academia de Claudio Arias?

A Claudito lo conocí hace un tiempo, es un gran artista al que respeto mucho, él me convoca para trabajar en su academia como profesor de teatro para empezar a fusionar esto de la actuación en el baile flamenco. Porque en la comedia musical, la danza jazz o el tap ya fueron fusionados, hay de todo tipo. Pero el flamenco no. Es muy específico, por eso digo que es una locura.

Pero, ¿por qué fue es tan difícil?

Costó el principio que los chicos entendieran que íbamos a seguir una historia, un hilo conductor, que podían apoyarse en frases o en palabras. Empezamos por el final del Vía Crucis, por la crucifixión. La idea era dejar el mensaje final, de la resurrección que tiene que ver con eso también. Esta semana tiene una carga muy importante, para los que son creyentes y para los que no también. Históricamente y políticamente, hay un antes y un después de Cristo.

Además, la historia la conocen todos, pero entender que lo que estamos haciendo es contar un cuento y que la gente tiene que realmente entender lo que estamos haciendo es un poco difícil. Cuando el lenguaje al que los chicos están acostumbrados es otro. Ellos hablan con los pies. Hablan con las manos. Muchas escenas que debería resolver en teatro con gestos, con palabras, con diálogos parten del baile de ellos. Ellos hablan con el cuerpo, con sus movimientos. Y eso es lo que más trabajamos y el seguir en escena, el continuar con la situación, con la historia era lo que más les causaba gracia, porque en el tablao están acostumbrados a seguir el compás o a darle el compás al compañero que está bailando. Pero lo que les resultaba raro era eso. Hasta que lo logramos.

¿Cómo se te ocurrió la idea?

Bueno, yo tengo la locura de muchos artistas que es que lo sueño. Cuando leo un libro o me presentan un texto, mientras lo voy leyendo, inmediatamente me voy haciendo la película, no lo puedo evitar. Lo que me cuesta muchas veces es llevar lo que tengo en la cabeza a la realidad, porque te encontrás con tiempos, con presupuestos, con horarios, con pedir que venga tal o cual artista. Lo sueño de una manera, después entra en juego la disponibilidad y a partir de ahí está la capacidad de uno artísticamente de resolverlo.

Pitón Bebé en La Tertulia.

*Por Federico Lartigue
@FedeLartigue

Pitón Bebé es la nueva obra de Martín Marcou exhibida en el teatro La Tertulia todos los viernes a las 23 horas. Los actores: Ana Rossi, Eugenio Dávide y Delfina Bianco colaboraron con sus matices artísticos en la creación de la representación.

Ana Rossi, Eugenio Dávide y Delfina Bianco

Ana Rossi, Eugenio Dávide y Delfina Bianco

Todo comienza con un interrogante que Marcou le hizo a sus amigos una noche: “¿cómo existir en el corazón de los demás?”. Ello derivó a la idea de “los encuentros”, el encuentro con el otro en nuestras vidas, el sentirse querido y valorado. Luego agregó otro elemento: la pitón bebé. Aquel animal que puede generarnos mucho miedo, que puede ser mortal, pero en esta ocasión es solo un bebé.

Esta combinación derivó en “Pitón Bebé”, que narra el encuentro entre tres personas: Leticia, Mía y Amador, que traen consigo sus historias y sus miedos. Nos muestra el sentir de cada uno de ellos, sus inseguridades e incertidumbres pero gracias al mutuo apoyo logran salir adelante.

La obra es sencilla y muy divertida. Con un despliegue artístico increíble. Música, danza y actuación se combinan para crear un despliegue teatral único. Transmite un mensaje simple pero muy fuerte.

– ¿Contanos como te sentís con la obra?

Me siento “satisfecho”, que es una palabra rara para hablar del trabajo de uno ya que siempre estoy en constante búsqueda. Pero es la palabra que me atraviesa, porque yo tenía una idea, de lo que quería contar, y el resultado se parece bastante a lo que soñé. Y eso para una persona que se dedica al teatro, más para mi que tengo un nivel de exigencia bastante alto, es un gran avance.

– ¿Cómo surge la obra?

La obra surge a partir de una frase que surgió en una charla que tuvimos entre amigos donde yo plantee una inquietud que era: “¿cómo existir en el corazón de los demás? ¿De qué manera y qué hacemos para sentirnos queridos, valorados y sentir que somos importantes para el otro? Y esto derivo en la idea de los encuentros. El encuentro con otro en la vida que te resulte significativo. Básicamente esto era la premisa o el disparador de la obra.

– ¿La idea del argumento y los personajes?

La fui construyendo en base al carácter de los actores, en principio yo me imaginé con quienes tenía ganas de trabajar. En realidad surgió de esa pregunta que me hice. Que la socialicé en grupo y después me imaginé con que actores quería trabajar. Y en base a eso, tenía como cierta característica general los personajes y ellos terminaron de diagramar un poco las personalidades.

Los actores terminaron de completar una idea que yo tenía, la enriquecieron y la potenciaron y le pusieron recursos que obviamente ellos traen como actores. Por ejemplo Delfina es bailarina además de actriz. El caso de Ana, ella aportó sus canciones con su guitarra y Eugenio viene trabajando una línea que tiene que ver con lo grotesco y la puso al servicio de ese personaje. El personaje de Eugenio equilibra un poco ese tono híper realista que tiene.

– ¿Por qué se llama Pitón Bebe?

Es la serpiente del sobrino de Euge, también es una metáfora o analogía con los miedos de estos tres personajes. Mía tiene miedo a crecer, tiene que hacer el pasaje de joven a la mujer y de responsabilidades que todavía no asumió, prefiere tocar la guitarra. En el caso de Delfina, es claramente diferente al tratamiento que ella le da a su identidad sexual, está relacionado con la valentía. Pero eso no significa que en el fondo no tenga miedo a que no la llamen para trabajar o sentirse rechazada. Y Eugenio es un cuarentón amador que está solo hace mucho tiempo y también tiene miedo a enamorarse. Entonces aparece esta chica (Mía) mucho más joven que él que lo conmueve. Finalmente todos terminan trascendiendo ese miedo interior que es como una Pitón que te va devorando y entienden que ese miedo era mucho más chico de lo que uno se imaginaba, por eso la Pitón pero Bebé. La pitón es el miedo interior que uno tiene.

– ¿Es similar a la idea original o tuvo muchos cambios?

Siempre el pasaje que se realiza de la dramaturgia pura, la dramaturgia de papel a lo que es la expresión vivida de los personajes, siempre hay algo en el trayecto que se pierde y algo que se gana. De todas formas este fue un proceso particular porque los chicos fueron escribiendo la dramaturgia en el espacio.

Yo venía de trabajar con Malicia que eran 14 actores en escena y quería volver a la economía gestual, de texto, a una historia más pequeña y es fascinante volver a la simpleza de las cosas. A veces decir menos es decir más.

Martín Marcou


“El Gran Deschave” en el Liberarte

*Por Federico Lartigue.
@FedeLartigue 

Después de su paso por la televisión, Leonardo Cerrizuela vuelve al teatro, pero esta vez como director. El desafío fue: “El Gran Deschave”, escrita en 1974 por Sergio De Cecco y Armando Chulak. Esta pieza teatral es un éxito de taquilla exhibida en el Teatro Liberarte desde enero de este año.

La obra nos invita a reflexionar acerca de la falta de comunicación en el hogar, particularmente por la televisión. Al descomponerse el aparato los personajes comienzan a mirarse a los ojos y sincerarse. Se dicen lo que nunca antes se habían dicho a causa de la distracción constante de la TV. El público puede identificarse con ellos sin ningún esfuerzo.

“El Gran Deschave” es una obra compleja e interesante. Con muchos diálogos y solo cinco personajes en escena, es por momentos una comedia muy divertida y por otros un drama que sensibilizaría a cualquiera. Además del gran desempeño de los actores: Marcelo Silguero, Lorena Bruquetas, Jorge Ferreiro y Rosa Sánchez Jarnie, se utilizan muy bien los recursos dentro del lenguaje teatral. La musicalización, la iluminación y la escenografía acompañan tan bien el desarrollo de la obra que fácilmente transmite las sensaciones y emociones de los personajes.

El grupo teatral “Sin Red” realizó su labor de manera profesional y comprometida, con un despliegue artístico excelente. Jorge Ferreiro encarnó dos personajes: Don Robustiano y Martinuchi. Pocos en el público lo notaron, ¿Cómo una persona puede representar dos personajes tan distintos? Es evidente el talento actoral.

Leonardo Cerrizuela se define a sí mismo como un “obse”. Atento a cada uno de los detalles, desde colocar la música en el momento justo hasta hacer un piano para la escenografía, este joven director logró mantener al público atrapado desde el inicio hasta el final. El éxito en adaptar una obra tan compleja a nuestra actualidad es innegable.

En relación a la televisión, y más allá del carácter distractivo y manipulatorio que Humberto Eco le atribuye, esta puede ser un fuerte aparato ideológico destinado a reforzar el conjunto de normas y valores del sistema y mantener un statu-quo. Y esto lo logra porque mantiene ideas a través de una programación cuya propuesta general supone modelos de conducta dados como los únicos aceptables y posibles. La programación y la publicidad responden a la necesidad de una constante defensa y reafirmación de valores fundamentales del sector hegemónico.

Por ejemplo, los programas televisivos cumplen una función de adormilar la mente de los teleespectadores a través de charlas insubstanciales y superfluas. Los contenidos muchas veces son del tipo mosaico, se hablan de muchos temas, ninguno es más importante que el otro, combinan cuestiones del tipo social con farándula.

Por otro lado, las publicidades y las telenovelas imponen modelos de vida con normas y valores a través de sus ídolos estereotipados. Transmiten formas de actuar, de ser, de vestir. Los argumentos en las series muchas veces están alejados de la realidad y mantienen una cordialidad en donde “no pasa nada”. No hay mayores problemas que los desamores de sus protagonistas. Se propone una imagen de una juventud que se define por no definirse. Por no tener opinión sobre nada y por vivir una actitud mesiánica, en espera del amor que todo lo redime. Es una juventud consumidora de estilos y de identidad.

Tenemos así una gran masa de público que consume modelos culturales correspondientes a los sectores superiores considerándolos expresiones autónomas y propias. Estos productos culturales, los Wachiturros por ejemplo, son generados y producidos desde el mercado solo para vender. Y así se proponen modelos culturales funcionales solo al sistema y al mercado.

La reflexión a la que nos insita Leonardo Cerrizuela en “El Gran Deschave” tiene que ver con todo esto. Apagar la televisión, dejar de consumir estos modelos culturales y disfrutar de la cotidianeidad familiar y de otros espacios de interacción desplazados en tiempos de la globalización y la digitalización.

Durante la entrevista le preguntamos por qué dejó la televisión para volver al teatro. En palabras del mismo Cerrizuela: “la tele no te satisface artísticamente, sí económicamente, sí a nivel exposición. Si digo que trabajé en Video Mach, en No Hay Dos Sin Tres, en HDP, eso garpa. Sirve a la hora de cortar un boleto, una entrada, pero artísticamente es como que te baja. La gente que busca realmente teatro, que busca algo con contenido, no lo encuentra en Video Mach.” Después agregó “Yo trato de evitar decir que trabajé en tal lugar. Igual creo que como actor, para estar completo, tenés que trabajar en todo. En mi caso particular me considero: más que actor, un artista. Abarco o trato de abarcar varias ramas del arte, pinto, tallo, escribo, y publiqué un libro además.”

Miramos todos los días programas y telenovelas que imponen ideas y valores sobre como vestir y como vernos. Observamos actores y modelos que delimitan una estética corporal a imitar. Con argumentos frívolos y superficiales, nos alienan y nos enajenan día a día. El verdadero arte, los verdaderos artistas crean productos culturales con contenido y calidad y este es el caso del grupo teatral “Sin Red” y de Leonardo Cerrizuela: “hagas lo que hagas tenés que dejar un mensaje, tenés que dejar algo en que pensar. No puede ser solo la risa o el llanto del momento.”

Bibliografía de referencia:
“TV Guía Negra” de Walger Sylvia e Ilanovsky Carlos. Buenos Aires, Ediciones De La Flor.
“Apocalipticos e Integrados” de Humberto Eco.