Una película bien porteña

*Por Federico Lartigue Debián.
@FedeLartigue

En todos los videos club o páginas de cine online organizan sus películas por género, pero estas van a diferenciarse aún más por el estilo que cada director deja impregnada en su diseño, estética y desenlace. Esto es aún más evidente en las producciones independientes donde los directores priorizan la calidad artístico-expresiva que atarla a las leyes del mercado con el fin de ingresar un film más en la saturada (y muchas veces repetitiva) industria cinematográfica hollywoodense.

En 2009 Guillermo Grillo presentó “Fantasma de Buenos Aires”, un film que relata el encuentro entre un joven de Buenos Aires y un fantasma de principios del siglo XX, quien murió en un enfrentamiento callejero a punta de cuchillo.

Una noche, Tomás y sus amigos juegan al Juego de la Copa y así despiertan a Canaveri de su profundo sueño. El fantasma le ofrece un trato al joven, si le ayuda a averiguar quien lo traicionó y es el responsable de su muerte, él le revelaría que ocurre después de la muerte. Tomás acepta y así se inicia la aventura.

Tomás y Canaveri.

Tomás y Canaveri

El relato no solo está cargado de situaciones divertidas en insólitas por el encuentro de un ser de los años 20´ con la moderna Buenos Aires. También es una historia muy conmovedora de amistad y camaradería. Guillermo Grillo, atento a todos los detalles, supo crear personajes con los que cualquiera de nosotros puede reflejarse o sentirse identificado. Los vemos moverse en su cotidianeidad, interactuar con sus amigos y compañeros y reflexionar sobre dilemas morales, y por qué no existenciales, muy presentes en nuestros días.

Les recomiendo que la vean totalmente gratis haciendo click aquí, es una joya del cine nacional, no se parece a nada que hallan visto.

Tercera temporada de “Quiero pasar una tarde con Franco”

*Por Federico Lartigue Debián
@FedeLartigue

Desde hace ya tres años “Quiero pasar una tarde con Franco” es un éxito en los teatros porteños. El ciclo 2012 se lleva a cabo en el Multiespacio Los Ángeles, Av. Corrientes 1764, todos los sábados a las 23 horas.

Su director, Martín Marcou, supo combinar drama y humor en una obra sencilla pero con un mensaje de igualdad muy fuerte. Logró conectar a los personajes para contraponer lo grotesco y la ternura.
Valentino invita a Franco a tomar el té después de recibir su ayuda en un accidente, pero el encuentro de estos enamorados será interrumpido por la aparición de cada uno de los demás personajes, quienes traerán consigo cargas emotivas muy diferentes a las del amor.
El despliegue actoral de “Quiero pasar una tarde con Franco” es impecable. El elenco: Marco Gianoli, Gabriel Zuccarini, Puchi Labaronnie, Rosario Sabarrena, Pedro Aggollia y Eugenio Davide cautiva al público desde el principio del espectáculo. Cada uno de ellos aporta una cuota de humor ácido, que por momentos se vuelve negro, pero enriquece y alimenta la historia.
En la función del sábado 28 de abril, Martín Marcou recibió una mención especial de la Federación Argentina de lesbianas, gays, bisexuales y transexuales (LGTB) y de la Comunidad Homosexual Argentina (CHA) por su militancia en post de los derechos de los homosexuales. Al premiarlo recalcaron que el cambio no es solo desde lo legal – refiriéndose a la ley de matrimonio igualitario y la ley de identidad de género aún no sancionada en ese entonces – si no mas bien cultural. Las producciones de Martín Marcou son un gran aporte a esta causa.

– ¿Cómo te sentís con “Quiero pasar una tarde con Franco”?

Me siento muy cómodo con la obra. Ya es el tercer año así que un poco quedó en mano de los actores. Son ellos los que la llevan adelante. Yo funciono un poco como el acompañante de esta aventura que ellos vienen recorriendo hace tres años.

– ¿Es el mismo electo de siempre?

Vario el actor que hace de Franco, las dos primeras temporadas fue Hernán Lettini, que hoy vino de sorpresa a la función. Fue el único que se modificó por Gabriel Zuccarini.

– ¿Qué buscabas transmitir con la obra?

Quería configurar el encuentro de dos mundos con realidades totalmente diferentes y antagónicas. Mostrar el amor como ese reactor que puede contra todo y tenga un mensaje esperanzador. Sé que la obra por momentos es cruel y tiene un humor bastante ácido, hormonal y corrosivo. Pero todo esto se termina atemperando. El amor es ese elemento universal que todo lo puede. Las distintas formas del amor están en todos los personajes.

– ¿Franco y Valentino vienen de dos mundo diferentes?

Sí, en realidad tiene que ver con una cuestión de ejes generacionales porque Valentino tiene 21 años y Franco 34. Esa diferencia de edad hace que tengan vivencias y recorridos diferentes y eso se nota en el encuentro.

– ¿Esperabas el reconocimiento de la Federación Argentina LGBT y la CHA? 

No (risas).

– Y cuándo los viste subir al escenario, ¿qué sentiste?

En realidad no sabía bien lo que pasaba; me dijeron que era una sorpresa. Pero yo no sabía bien a que venía. Estaba nervioso (risas).

– ¿Qué estás haciendo como militante?

Estamos haciendo un trabajo muy grande dentro de las cárceles que no tiene precedentes. Dictamos talleres de teatro, tango, murales y nos acercamos a los internos según sus necesidades. Hace poco hicimos un festival de diversidad sexual dentro de los módulos y en los pabellones de la Colonia Penal de Ezeiza. Se han hecho jornadas de murgas para jóvenes adultos. Vamos a hacer un programa de alfabetización en la comuna 15 de Chacarita que nosotros, como agrupación política, venimos trabajando. Esto es algo que me apasiona. El teatro y la política me apasionan. El “Vatayón Militante” es una agrupación política peronista, y kirchnerista por añadidura, por eso la “V”.

Martín Marcou

Hijos de los 90´.

*Por Federico Lartigue
@FedeLartigue

El sábado 5 de mayo se realizó el estreno de “Éramos Tan 90´” en el teatro El Arlequino, Adolfo Alsina 1484. La obra fue escrita, dirigida y actuada por Gonzalo Yanacón con la participación de Verónica Lorincz.

Cargada con una fuerte crítica a aquella década, “Éramos Tan 90´” comienza con una serie de afiches de algunos funcionarios de aquel entonces como Carlos Corach, María Julia Alsogaray, Domingo Cavallo y Carlos Menem entre otros. Sus protagonistas describen como era la vida en aquellos días de pizza con champagne e ilusoria estabilidad.

Con la sangrienta dictadura cívico militar de Jorge Rafael Videla se implementaron las políticas neoliberales en nuestro país. Estas consistían en producir y exportar solo materias primas e importar las secundarias y terciarias. De esta manera Argentina inició un período de desindustrialización y potenció su dependencia con Estados Unidos.

Carlos Menem, durante su mandato, profundizó las medidas neoliberales mediante las privatizaciones de servicios públicos, la apertura irrestricta del mercado y las leyes de flexibilización laboral. La complicidad de aquel gobierno con el sector corporativo y las potencias imperialistas sumergió a nuestro país en la miseria y el desempleo.

“Éramos tan 90´” es un claro reflejo de aquellas años. Durante la puesta en escena, Gonzalo Yanacón y Verónica Lorincz, explican como vivieron su infancia con los perjuicios que las medidas Neoliberales ocasionaron en nuestro país. Describen, desde su vivencia, como creció el desempleo a causa de la apertura irrestricta del mercado que llevó a la quiebra a miles de pymes que no pudieron competir.

Pero estos artistas no solo rememoraron los 90´ por sus daños políticos y económicos, también lo hacen por aquellos días mágicos de la infancia. La obra casi no utiliza escenografía se basta con diversos elementos íconos para quienes crecimos en esa década como juguetes, triciclos, álbumes de figuritas o publicidades radiales y televisivas.

Pero Gonzalo y Verónica no estuvieron solos, junto a Facundo Carmona y Florencia Hansen supieron enriquecer el espectáculo con música, coreografías, disfraces y proyecciones audiovisuales. Una ardua tarea que les llevó casi tres años terminar.

 

¿Cómo surge “Éramos tan 90´”?

Gonzalo – La idea fue mía, siempre me llamó la atención el tema de los 90´, más que nada todo lo comercial de la década. Y después fui profundizando en lo político y lo mezclé con lo personal. Vero surgió porque artísticamente somos muy parecidos, tenemos muchas cosas en común, nos gusta el mismo estilo de teatro y la vi en una muestra en un seminario que hizo sobre los 90´. Ahí se me disparó la idea de hacer algo con esa época. Igual yo siempre supe que tenía ganas de hacer algo con ella.

Verónica – También nos reíamos mucho de la música de esa época. Y bueno, él vino con la idea y empezamos a hacer el trabajo hablando de lo que nos acordamos y empezamos a anotar, a experimentar. Estábamos los dos solos con nuestras almas (risas).

 

¿Y el resto del equipo?

Verónica – En otro seminario lo conocimos a Facundo y Gon lo invitó. La verdad es que Facundo nos ayudó un montón porque Gonzalo dirigía y actuaba, no podía estar en todo. Flor es amiga de Facu que está en la parte de producción que es lo que estudia y Mariano está a cargo de la prensa.

Gonzalo – Cuando apareció Facu, la obra dio un giro completamente, si bien la puesta estaba más o menos encaminada, todavía no estaba terminada. Al principio estábamos en islas. Eran escenas sueltas porque como la obra no tiene un hilo conductor, no tiene un principio y un fin, se puede representar cualquier parte en cualquier momento. Facu fue armando la continuidad, la puesta, los puentes y nos sirvió muchísimo. También nos ayudó con los videos y las coreografías

Verónica – Algunas escenas las sacamos directamente, otras las acoplamos. Queríamos ir de algo dramático a otra cosa. Y así que la obra no sea densa. En el momento que pueda aburrir, de golpe corte y a otra cosa.

 

¿Cómo eligieron la estética?

Gonzalo – La idea es que sea un despoje y que el despoje se convierta en un desorden, que las cosas que estén, cosas que quedan pero tienen que ver con la escena, no te remitían a otra cosa. Y eso tenía que ver con la década. Del tema de la ropa, mi idea era usar ropa de ahora. ¿Viste que ahora se venden remeras en la Wall Streat con el logo de Pumper Nick? Pero después dije no, vamos a conseguir la ropa que se usaba en esa época.

 

¿Cual es el género? Porque no es un monólogo. Se exponen mucho.

Verónica – Es teatro Auto Referencia, porque las historias que contamos son nuestras. Y si, nos exponemos un montón. Hay que tener mucho valor (risas). Yo no me siento una adulta todavía.

La resurrección de Cristo desde el flamenco.

*Por Federico Lartigue
@FedeLartigue

El sábado 7 de abril asistí al espectáculo “A ti, Olivos y Espinas” en la Unión Obrera de la Construcción de la República Argentina (UOCRA). La obra fue escrita y dirigida por Leonardo Cerrizuela y representada por alumnos de la “Claudio Arias Academia”.

En la primera escena Jesús es crucificado por los soldados romanos y el sanedrín. La obra comienza con el final de la pasión. Este Vía Crucis utiliza una sumatoria de elementos que lo hace muy especial. Combina flamenco, música en vivo y actuación, y agrega un plus escénico de la mano de la dirección de Cerrizuela y el despliegue de talento de los bailarines y músicos.

Esta no es la primera vez que el teatro fusiona música y actuación. La danza jazz y la comedia musical ya lo habían hecho, pero nunca con el flamenco. Esta danza tiene su propio lenguaje y expresividad: zapateos, palmadas, brincos. Manifestar la alegría, el dolor o la pasión a su manera, mediante los distintos palos (tipos) de flamenco.

Los actores: Claudio Arias, Agustina Grigera, Juan Martín Ayala, Paula Savall, Juan Cruz Andrade y Sol Roldan lograron trasmitir las emociones escénicas, no solo con el flamenco que es lo que estaban acostumbrados a hacer, sino también con la actuación. Claudio Arias convocó a Leonardo Cerrizuela para la primera experiencia de los estudiantes de la academia en sumar teatro a la danza. “Leonardo nos tuvo mucha paciencia porque el teatro y el flamenco tienen un lenguaje diferente.” – explicó Agustina Grigera, quien interpretó a María la madre Jesús, durante la entrevista – “El flamenco ayuda porque es muy dramático de por sí, pero hay códigos muy diferentes. Y al principio nos tentábamos, nos reíamos, hasta que pudimos meternos adentro del personaje.”

Luego, Juan Martín Ayala, quien representó a Juan, agregó: “En los shows de flamenco están muy marcados el gesto con el baile. Sí tenés que actuar, pero mientras bailas. Es distinto en esta obra porque hay un conjunto de emociones que se reflejan: la ira, el sufrimiento, el dolor, la alegría. Nosotros veníamos acostumbrados a que por cada baile tenés una emoción. Tenés que unir un conjunto de emociones con expresión que es bastante rebuscado y difícil”.

Ver una representación de Jesús saltando y zapateando puede parecernos extraño. Quizás rompa con la imagen tradicional de Jesucristo y pueda molestar a quienes prefieren las representaciones seculares. Pero es importante dejar de lado las formas y dogmas habituales para poder disfrutar espectáculos de este tipo. En “A ti, Olivos y Espinas” no verán un Jesús zapateando, si no la resurrección de Él con el lenguaje del flamenco. La obra de Leonardo Cerrizuela es un homenaje único y singular a Cristo.

Entrevista a Leonardo Cerrizuela.

¿Contanos tu experiencia al fusionar flamenco y teatro?

Fue difícil ponerle una historia porque el flamenco mantiene una estructura muy cerrada. Logramos crear la primera fusión entre el teatro, el flamenco, la música en vivo y eso no hubiera sido posible sin el apoyo del teatro UOCRA y Gastón Barral.

¿Cómo llegaste a trabajar con los chicos e la academia de Claudio Arias?

A Claudito lo conocí hace un tiempo, es un gran artista al que respeto mucho, él me convoca para trabajar en su academia como profesor de teatro para empezar a fusionar esto de la actuación en el baile flamenco. Porque en la comedia musical, la danza jazz o el tap ya fueron fusionados, hay de todo tipo. Pero el flamenco no. Es muy específico, por eso digo que es una locura.

Pero, ¿por qué fue es tan difícil?

Costó el principio que los chicos entendieran que íbamos a seguir una historia, un hilo conductor, que podían apoyarse en frases o en palabras. Empezamos por el final del Vía Crucis, por la crucifixión. La idea era dejar el mensaje final, de la resurrección que tiene que ver con eso también. Esta semana tiene una carga muy importante, para los que son creyentes y para los que no también. Históricamente y políticamente, hay un antes y un después de Cristo.

Además, la historia la conocen todos, pero entender que lo que estamos haciendo es contar un cuento y que la gente tiene que realmente entender lo que estamos haciendo es un poco difícil. Cuando el lenguaje al que los chicos están acostumbrados es otro. Ellos hablan con los pies. Hablan con las manos. Muchas escenas que debería resolver en teatro con gestos, con palabras, con diálogos parten del baile de ellos. Ellos hablan con el cuerpo, con sus movimientos. Y eso es lo que más trabajamos y el seguir en escena, el continuar con la situación, con la historia era lo que más les causaba gracia, porque en el tablao están acostumbrados a seguir el compás o a darle el compás al compañero que está bailando. Pero lo que les resultaba raro era eso. Hasta que lo logramos.

¿Cómo se te ocurrió la idea?

Bueno, yo tengo la locura de muchos artistas que es que lo sueño. Cuando leo un libro o me presentan un texto, mientras lo voy leyendo, inmediatamente me voy haciendo la película, no lo puedo evitar. Lo que me cuesta muchas veces es llevar lo que tengo en la cabeza a la realidad, porque te encontrás con tiempos, con presupuestos, con horarios, con pedir que venga tal o cual artista. Lo sueño de una manera, después entra en juego la disponibilidad y a partir de ahí está la capacidad de uno artísticamente de resolverlo.

Pitón Bebé en La Tertulia.

*Por Federico Lartigue
@FedeLartigue

Pitón Bebé es la nueva obra de Martín Marcou exhibida en el teatro La Tertulia todos los viernes a las 23 horas. Los actores: Ana Rossi, Eugenio Dávide y Delfina Bianco colaboraron con sus matices artísticos en la creación de la representación.

Ana Rossi, Eugenio Dávide y Delfina Bianco

Ana Rossi, Eugenio Dávide y Delfina Bianco

Todo comienza con un interrogante que Marcou le hizo a sus amigos una noche: “¿cómo existir en el corazón de los demás?”. Ello derivó a la idea de “los encuentros”, el encuentro con el otro en nuestras vidas, el sentirse querido y valorado. Luego agregó otro elemento: la pitón bebé. Aquel animal que puede generarnos mucho miedo, que puede ser mortal, pero en esta ocasión es solo un bebé.

Esta combinación derivó en “Pitón Bebé”, que narra el encuentro entre tres personas: Leticia, Mía y Amador, que traen consigo sus historias y sus miedos. Nos muestra el sentir de cada uno de ellos, sus inseguridades e incertidumbres pero gracias al mutuo apoyo logran salir adelante.

La obra es sencilla y muy divertida. Con un despliegue artístico increíble. Música, danza y actuación se combinan para crear un despliegue teatral único. Transmite un mensaje simple pero muy fuerte.

– ¿Contanos como te sentís con la obra?

Me siento “satisfecho”, que es una palabra rara para hablar del trabajo de uno ya que siempre estoy en constante búsqueda. Pero es la palabra que me atraviesa, porque yo tenía una idea, de lo que quería contar, y el resultado se parece bastante a lo que soñé. Y eso para una persona que se dedica al teatro, más para mi que tengo un nivel de exigencia bastante alto, es un gran avance.

– ¿Cómo surge la obra?

La obra surge a partir de una frase que surgió en una charla que tuvimos entre amigos donde yo plantee una inquietud que era: “¿cómo existir en el corazón de los demás? ¿De qué manera y qué hacemos para sentirnos queridos, valorados y sentir que somos importantes para el otro? Y esto derivo en la idea de los encuentros. El encuentro con otro en la vida que te resulte significativo. Básicamente esto era la premisa o el disparador de la obra.

– ¿La idea del argumento y los personajes?

La fui construyendo en base al carácter de los actores, en principio yo me imaginé con quienes tenía ganas de trabajar. En realidad surgió de esa pregunta que me hice. Que la socialicé en grupo y después me imaginé con que actores quería trabajar. Y en base a eso, tenía como cierta característica general los personajes y ellos terminaron de diagramar un poco las personalidades.

Los actores terminaron de completar una idea que yo tenía, la enriquecieron y la potenciaron y le pusieron recursos que obviamente ellos traen como actores. Por ejemplo Delfina es bailarina además de actriz. El caso de Ana, ella aportó sus canciones con su guitarra y Eugenio viene trabajando una línea que tiene que ver con lo grotesco y la puso al servicio de ese personaje. El personaje de Eugenio equilibra un poco ese tono híper realista que tiene.

– ¿Por qué se llama Pitón Bebe?

Es la serpiente del sobrino de Euge, también es una metáfora o analogía con los miedos de estos tres personajes. Mía tiene miedo a crecer, tiene que hacer el pasaje de joven a la mujer y de responsabilidades que todavía no asumió, prefiere tocar la guitarra. En el caso de Delfina, es claramente diferente al tratamiento que ella le da a su identidad sexual, está relacionado con la valentía. Pero eso no significa que en el fondo no tenga miedo a que no la llamen para trabajar o sentirse rechazada. Y Eugenio es un cuarentón amador que está solo hace mucho tiempo y también tiene miedo a enamorarse. Entonces aparece esta chica (Mía) mucho más joven que él que lo conmueve. Finalmente todos terminan trascendiendo ese miedo interior que es como una Pitón que te va devorando y entienden que ese miedo era mucho más chico de lo que uno se imaginaba, por eso la Pitón pero Bebé. La pitón es el miedo interior que uno tiene.

– ¿Es similar a la idea original o tuvo muchos cambios?

Siempre el pasaje que se realiza de la dramaturgia pura, la dramaturgia de papel a lo que es la expresión vivida de los personajes, siempre hay algo en el trayecto que se pierde y algo que se gana. De todas formas este fue un proceso particular porque los chicos fueron escribiendo la dramaturgia en el espacio.

Yo venía de trabajar con Malicia que eran 14 actores en escena y quería volver a la economía gestual, de texto, a una historia más pequeña y es fascinante volver a la simpleza de las cosas. A veces decir menos es decir más.

Martín Marcou


“El Gran Deschave” en el Liberarte

*Por Federico Lartigue.
@FedeLartigue 

Después de su paso por la televisión, Leonardo Cerrizuela vuelve al teatro, pero esta vez como director. El desafío fue: “El Gran Deschave”, escrita en 1974 por Sergio De Cecco y Armando Chulak. Esta pieza teatral es un éxito de taquilla exhibida en el Teatro Liberarte desde enero de este año.

La obra nos invita a reflexionar acerca de la falta de comunicación en el hogar, particularmente por la televisión. Al descomponerse el aparato los personajes comienzan a mirarse a los ojos y sincerarse. Se dicen lo que nunca antes se habían dicho a causa de la distracción constante de la TV. El público puede identificarse con ellos sin ningún esfuerzo.

“El Gran Deschave” es una obra compleja e interesante. Con muchos diálogos y solo cinco personajes en escena, es por momentos una comedia muy divertida y por otros un drama que sensibilizaría a cualquiera. Además del gran desempeño de los actores: Marcelo Silguero, Lorena Bruquetas, Jorge Ferreiro y Rosa Sánchez Jarnie, se utilizan muy bien los recursos dentro del lenguaje teatral. La musicalización, la iluminación y la escenografía acompañan tan bien el desarrollo de la obra que fácilmente transmite las sensaciones y emociones de los personajes.

El grupo teatral “Sin Red” realizó su labor de manera profesional y comprometida, con un despliegue artístico excelente. Jorge Ferreiro encarnó dos personajes: Don Robustiano y Martinuchi. Pocos en el público lo notaron, ¿Cómo una persona puede representar dos personajes tan distintos? Es evidente el talento actoral.

Leonardo Cerrizuela se define a sí mismo como un “obse”. Atento a cada uno de los detalles, desde colocar la música en el momento justo hasta hacer un piano para la escenografía, este joven director logró mantener al público atrapado desde el inicio hasta el final. El éxito en adaptar una obra tan compleja a nuestra actualidad es innegable.

En relación a la televisión, y más allá del carácter distractivo y manipulatorio que Humberto Eco le atribuye, esta puede ser un fuerte aparato ideológico destinado a reforzar el conjunto de normas y valores del sistema y mantener un statu-quo. Y esto lo logra porque mantiene ideas a través de una programación cuya propuesta general supone modelos de conducta dados como los únicos aceptables y posibles. La programación y la publicidad responden a la necesidad de una constante defensa y reafirmación de valores fundamentales del sector hegemónico.

Por ejemplo, los programas televisivos cumplen una función de adormilar la mente de los teleespectadores a través de charlas insubstanciales y superfluas. Los contenidos muchas veces son del tipo mosaico, se hablan de muchos temas, ninguno es más importante que el otro, combinan cuestiones del tipo social con farándula.

Por otro lado, las publicidades y las telenovelas imponen modelos de vida con normas y valores a través de sus ídolos estereotipados. Transmiten formas de actuar, de ser, de vestir. Los argumentos en las series muchas veces están alejados de la realidad y mantienen una cordialidad en donde “no pasa nada”. No hay mayores problemas que los desamores de sus protagonistas. Se propone una imagen de una juventud que se define por no definirse. Por no tener opinión sobre nada y por vivir una actitud mesiánica, en espera del amor que todo lo redime. Es una juventud consumidora de estilos y de identidad.

Tenemos así una gran masa de público que consume modelos culturales correspondientes a los sectores superiores considerándolos expresiones autónomas y propias. Estos productos culturales, los Wachiturros por ejemplo, son generados y producidos desde el mercado solo para vender. Y así se proponen modelos culturales funcionales solo al sistema y al mercado.

La reflexión a la que nos insita Leonardo Cerrizuela en “El Gran Deschave” tiene que ver con todo esto. Apagar la televisión, dejar de consumir estos modelos culturales y disfrutar de la cotidianeidad familiar y de otros espacios de interacción desplazados en tiempos de la globalización y la digitalización.

Durante la entrevista le preguntamos por qué dejó la televisión para volver al teatro. En palabras del mismo Cerrizuela: “la tele no te satisface artísticamente, sí económicamente, sí a nivel exposición. Si digo que trabajé en Video Mach, en No Hay Dos Sin Tres, en HDP, eso garpa. Sirve a la hora de cortar un boleto, una entrada, pero artísticamente es como que te baja. La gente que busca realmente teatro, que busca algo con contenido, no lo encuentra en Video Mach.” Después agregó “Yo trato de evitar decir que trabajé en tal lugar. Igual creo que como actor, para estar completo, tenés que trabajar en todo. En mi caso particular me considero: más que actor, un artista. Abarco o trato de abarcar varias ramas del arte, pinto, tallo, escribo, y publiqué un libro además.”

Miramos todos los días programas y telenovelas que imponen ideas y valores sobre como vestir y como vernos. Observamos actores y modelos que delimitan una estética corporal a imitar. Con argumentos frívolos y superficiales, nos alienan y nos enajenan día a día. El verdadero arte, los verdaderos artistas crean productos culturales con contenido y calidad y este es el caso del grupo teatral “Sin Red” y de Leonardo Cerrizuela: “hagas lo que hagas tenés que dejar un mensaje, tenés que dejar algo en que pensar. No puede ser solo la risa o el llanto del momento.”

Bibliografía de referencia:
“TV Guía Negra” de Walger Sylvia e Ilanovsky Carlos. Buenos Aires, Ediciones De La Flor.
“Apocalipticos e Integrados” de Humberto Eco.

“Yo Te Avisé” y vos no me escuchaste.

*Por Federico Lartigue
@FedeLartigue

Esta vez, la frase no hace referencia a la canción de Los Fabulosos Cadillacs. Se trata del libro “Yo Te Avisé”, escrito por Romina Manguel y publicado por la editorial Aguilar en mayo de 2011. Su autora se propuso el desafío de indagar cúanto nos habían dicho nuestros legisladores y nosotros no quisimos escucharlos. ¿Fueron sinceros o mintieron durante sus campañas? y ¿por qué los votantes nos mostramos sorprendidos?

“Yo Te Avisé” es el resultado de un arduo trabajo de investigación de los últimos cuatro presidentes argentinos después de la vuelta de la democracia: Carlos Menem, Fernando De La Rua, Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. Todos sus actos y decisiones, toda su metodología para gobernar ya estaba plasmada en sus antiguas gestiones como gobernadores o intendentes, pero nosotros –los votantes– no quisimos verlo y luego nos mostramos sorprendidos o indignados.

Raúl Alfonsín y Eduardo Duhalde quedaron fuera de este trabajo. El primero por ser quien instauró la vuelta de la democracia y el segundo porque no llegó a ser presidente por el voto del electorado.

De esta manera, Romina Manguel nos invita a reflexionar acerca de nuestro compromiso cívico a saber quiénes son nuestros gobernantes y cuán ajenos creemos que estamos del desempeño de su gestión.

En el primer capítulo “Campañas: lo que ves es lo que hay”, la autora describe el plan y la estrategia de cada uno de ellos. Si bien para ella los candidatos no nacieron del marketing político, analiza cómo a través de sus campañas lograron crear una identidad y endulzar los ojos y oídos de los votantes: “Síganme que no los voy a defraudar”, “Dicen que soy aburrido”, “Argentina, un país enserio” son algunos de los slogans de los ex presidentes estudiados en “Yo Te Avisé”.

En 1983 no solo volvió la democracia a nuestro país sino que también una nueva forma de hacer política. Los asesores de imagen y publicitarios entraron al juego y cambiaron para siempre la instancia de producción de estos y su impacto. Y así comenzó la mediatización de la política. En palabras de Carlos Mangone y Jorge Warley esta mediatización “es el proceso en y por el cual los medios de comunicación masivos imponen crecientemente su lógica en la construcción de la realidad política.” Se impuso así el método del marketing y la publicidad a las campañas electorales.

La “videopolítica” modificó el territorio mediático. Tiene una lógica distinta de construcción. Con la TV el político tuvo la capacidad de entrar a nuestras casas, de hablarnos en nuestra cotidianeidad y en el entorno familiar. De esta forma los aspirantes  presidenciales comenzaron a acercarse a los electores. Lograban generar un vínculo con la mirada hacia nosotros que antes era mucho más difícil de conseguir. Provocaban en el votante una sensación de “le preocupa lo mismo que a mí”, “entiende de política”, “sabe lo que hay que hacer para poner el país en orden”.

En la revista Punto de Vista, Beatriz Sarlo publicó un análisis en 1991 sobre el tema. Según ella las prácticas políticas se massmediatizaron, el político se hizo actor de televisión: aprendió sus técnicas y oratoria, y hasta “cual es su mejor perfil”. Esto es la cultura del espectáculo, del show. La política puede tomar sus rasgos expresivos y recurrir a un oficio en el cual los políticos imitan a conductores de TV y actores.

La aparición del marketing político y la cultura del show vaciaron de contenido los debates, y los análisis se volvieron más superfluos. Los votantes, pareciera, dejaron atrás elegir a un candidato por el partido, sus propuestas o su ideología. Tampoco importaba su desempeño en cargos anteriores. Comenzaron a elegir caras y personalidades.

Durante la entrevista, Romina Manguel opinó en desacuerdo con esta postura: “no me parece que sea una excusa válida para desentenderse. Me parece que lo que nos falta entender es esto. Cuando yo elijo a alguien para que se haga cargo del destino de este país, de alguna manera también tiene que ver con el destino de mis hijas, tiene que ver con la educación, con la seguridad que el Estado les va a aportar, con la salud, si va haber trabajo (…). En el momento en que vamos a elegir un presidente, pareciera que da lo mismo”. Y luego agregó “El problema tiene que ver con el momento en que vamos a votar. No creemos que ese voto, tenga relación directa con esa persona que estamos metiendo en la Casa Rosada. Parece que votamos a un candidato pero igual al presidente lo va a poner; las corporaciones, los sindicatos, el poder o los industriales. No creemos que haya una relación directa entre el voto y quien resulte electo. Y ahí es cuando empezamos a restarnos responsabilidad como electorado”.

Además, “Yo Te Avisé” también nos habla de los hombres de confianza de los candidatos, de sus escándalos, de la similaridad de sus gestiones como gobernadores o jefes de gobierno con las presidenciales y como electorado se mostró apático. Es un excelente libro con una redacción sencilla y accesible a todos. Es muy enriquecedor, completo e interesante. Aporta mucho a la reflexión y al debate con el despliegue literario que solo Romina Manguel podía hacer.

Bibliografía de referencia:
“El Audiovisual Político” de  Beatriz Sarlo en Punto de Vista nº 41,  diciembre de 1991.
“El discurso político. Del foro a la televisión” de Mangone Carlos y Warley Jorge, 1994.