El Organito que siempre vuelve

Buenos Aires fue la “tierra prometida” para muchos inmigrantes quienes buscaron comenzar una nueva vida. Los hermanos Discépolo retrataron esta realidad en la pieza teatral El Organito, donde una familia italiana enfrenta las adversidades cotidianas para llevar un plato de sopa a la mesa.

elorganito1

El próximo domingo 11 de diciembre será la última función del año de El Organito, dirigida por Gonzalo Villanueva, en el teatro La Vieja Guardia. En marzo de 2017 el segundo ciclo de esta obra clásica del teatro argentino.

La obra está situada en la década del veinte del siglo pasado, cargada de elementos simbólicos nos transporta a la Buenos Aires de aquellos días. Tiene una “italianidad” fuertemente marcada a través de la escenografía, pero muy particularmente en la caracterización de sus personajes.

Los actores logran representar los modismos, ademanes y expresiones “tanas” con una gran pericia, es fácil sentir empatía con ellos. Alexia Escobar interpreta a Anyulina, una madre sumisa y sufrida a causa de los abusos de su marido, Saverio por Diego Freidson, un hombre avaro y mezquino que explota a sus propios hijos con fines económicos. Escobar transmite la angustia y desdicha de aquella pobre mujer, mientras que Freidson la picardía maliciosa de un hombre sin integridad.

Sus hijos: Florinda, Nicolás y Humberto (Arana, Escande y Parente respectivamente) son el reflejo de la falta de espacios para insertarse laboralmente, obligados casi hasta a mendigar, estos jóvenes actores nos muestran la tristeza de su realidad pero su fuerza para salir adelante, al revelarse y enfrentar al tirano. Finalmente tenemos a Roberto Grumberg y Matías Lodeiro en la piel de Mamma Mía y Felipe, con un estilo grotesco que nutre la esencia de los personajes.

Por su parte, Gonzalo Villanueva nos habló de su compromiso con el teatro, este joven director considera que la humanidad es algo que nunca debe faltarle a la dramaturgia. Y particularmente, con esta pieza, busca llevar la obra de los hermanos Armando y Enrique Discépolo a las nuevas generaciones.

Entrevista a Gonzalo Ariel Villanueva.

¿Cómo te sentís con la obra?

Muy bien, buscamos darle un poco más de expresividad al cuerpo, dentro de lo trágico que es la obra, virarlo hacia lo grotesco con algunas cositas cómicas. Lo grotesco es la consistencia entre lo trágico y lo cómico.

¿Cómo manejaron los signos en torno a la Italianidad?

Fue un proceso de investigación: ver películas italianas, comparar con otras obras o adaptaciones argentinas, para ir acercándonos al trabajo y respetamos el texto tal cual está escrito. Digamos, los personajes que son inmigrantes italianos que están en lo que se llama el cocoliche, la mezcla italocriolla. Hubo un trabajo arduo de los actores para que no se pierda la verosimilitud en el trabajo.

¿La obra encierra alguna crítica social?

Por supuesto los Discépolo escribieron sobre su época, y su época fue de un aluvión inmigratorio importantísimo, en las primeras décadas del siglo XX llegaron muchos inmigrantes sobre todo italianos y los Discépolo escribieron mucho sobre ello. Sobre todo acerca del fracaso de la inmigración, algunos se quedaron y lograron hacer La América, pero otros tuvieron que volver a sus países. Un poco habla de eso la obra, del fracaso.

¿Se puede adaptar a los problemas de inmigrares actuales en Buenos Aires?

Creo que se puede hacer un trabajo teatral puesto que somos un país de inmigrantes, hemos sido forjados por italianos, españoles, turcos, judíos y seguimos recibiendo inmigrantes porque de hecho hay muchos latinoamericanos viviendo acá. Ha habido un aluvión de colombianos, peruanos, paraguayos, somos un país de inmigrantes y el teatro puede hablar de ello pero de una manera distinta a cómo lo hicieron los hermanos Discépolo ya que son otros tiempos. En esa época había una cantidad de habitantes que con la llegada de la gran inmigración pasó a ser el doble de gente que había, entonces por eso no les quedaba otra que vivir hacinados en conventillos

En relación a la obra de los Discépolo, ¿creés que es necesario revalorizarla?

La tanada es difícil, pero yo siento la obligación como teatrista y como hombre del teatro argentino de representar éstas obras porque algunas generaciones nuevas que hacen teatro no las conocen. Y además, como han dicho muchos autores referentes, Discépolo es nuestro Shakespeare, lo tenemos que hacer siempre.
Esta obra tan importante para nosotros, escrita por estos dos monstruos que tiene mucha actualidad porque los temas que hablan, más allá de estar implicados en la inmigración, son temas universales, temas de la humanidad que siento que tenemos que seguir revalorizando porque el teatro no se puede quedar sin humanidad. Yo veo nuevas generaciones que por el hecho de buscar la vanguardia dejan de lado la humanidad, y pienso que eso no tiene que pasar.

Reinventando la lectura

@FedeLartigue

Si visitan la página de http://www.identidadgeek.com verán una nueva forma de incentivar la lectura. Mientras miles de docentes buscan nuevas formas de enseñar y de interesar a los estudiantes por la literatura, identidadgeek.com logró hacerlo a través de las nuevas redes sociales. En este caso twitter.

No se trata de resumir una obra literaria en 140 caracteres, sino de recrear sus personajes y algunos de sus capítulos a través de esta plataforma. Sus followers son los personajes del libro: el Aviador, la Rosa, el Farolero, el Hombre de Negocios, el Vanidoso, el Bebedor y demás, que el Principito conoce a medida que visita distintos planetas según el argumento del texto. De esta forma podemos aprender la historia de una manera nunca antes vista.

Facebook, Twitter, Hi5 y demás redes sociales no solo sirven para bromear con amigos. El @El_Principito_ es un claro ejemplo de ello, de cómo aprovechar las herramientas de la web 2.0 para educar e instruir a los niños y adolescentes (o bien, nativos digitales).

Ya es hora de romper con los prejuicios de las nuevas tecnologías, es el momento de encontrar como estas herramientas pueden servirnos para enseñar y aprender. Si explotamos su uso, nuestro aprendizaje puede ser ilimitado.