Crónica del triunfo venezolano

*Por Martín Dalla Zorza
martindallazorza@gmail.com

Madura-Caprile

Descifrados

La embajada venezolana en Argentina había oficializado una cifra: 1405 electores de aquella nacionalidad estaban habilitados para sufragar en nuestro país y elegir presidente. Apenas el 0,007% del padrón, un número ínfimo ya que las elecciones en la República Bolivariana tenían un registro de casi 19 millones de votantes. Sin embargo, esta minúscula proporción no fue medida del fervor con el que se esperaron los resultados en la puerta de la sede.

Varias agrupaciones políticas locales hicieron el aguante en Luis María Campos 170, pleno Palermo, desde el momento en que se cerraron las mesas. La mayoría de la gente comenzó a llegar a partir de las 9, con la tranquilidad de saber que los resultados estarían casi a medianoche. La consigna generalizada era el “¡viva Chávez!”, señal de que se esperaba un triunfo de Maduro por parte de todos los que estaban ahí.

“Somos los hijos de Guevara, los hijos de Chávez y Fidel”, comenzaron a cantar. Los bombos acompañaban y el clima se transformaba a tono de una jornada que era vivida como propia. En una de las esquinas, desde el pasaje ferroviario que cruza la calle a lo alto, idéntico a Puente Pacífico, se desplegaba una bandera de la misma forma que lo hace en la tribuna de un estadio. La figura de Maduro, representada en un muñeco de goma espuma, bailaba en medio de la calle.

Los venezolanos, más calmos, intercambiaban opiniones de lo que podría llegar a anunciar la Comisión Nacional Electoral de su país. “En este momento falta media hora”, dijo muy seguro un hombre. Y ante la pregunta sobre los motivos por los que sabía con precisión el momento del resultado, respondió que “al tener un sistema informatizado, de cómputo centralizado de la información, predicen con certeza el tiempo que van a tardar en llevar a cabo el recuento”. No había escalada de bocas de urna sino que se aguardaba el resultado final, que se comunica una vez que la victoria de uno de los candidatos es irreversible ¿Se podía romper ese hermetismo y conocer novedades? “Se escucha mucho, de uno, de otro, pero hasta ahora información como tal, no. Es difícil creer”, respondió con serenidad.

Cualquier movimiento en el Consejo Electoral se seguía desde una pantalla grande colocada en la puerta de la embajada, en la que se transmitía Telesur. En un instante apareció Tibisay Lucena, Rectora del organismo encargado del comicio, y todos se callaron. Falsa alarma, era un extracto de declaraciones anteriores. Parecía que la información se retrasaría más allá de lo previsto, entonces la señal televisiva decidió poner al aire dos spots acerca de la trayectoria política de cada uno de los candidatos que polarizaron la elección. Primero Maduro: ovación, aplausos, y gritos de júbilo. Luego, Capriles. Silbidos, abucheos y, ante la sorpresa de unos cuantos, un reducido grupo que comenzó instantáneamente a vivarlo. “¡Ca-pri-les, Ca-pri-les!”, repetían esforzándose por romper la desaprobación generalizada.

“Callate, gorila”, le espetó una señora al grupo. “Cállate tu, que yo digo lo que se me antoja”, respondió una joven. “A mí no me vas a callar que estás en mi país”, replicó la primera. “Pero son las elecciones de mi patria, así que digo lo que me venga en gana”, retrucó la caribeña. Cuando el cruce verbal se calmó, uno se animó a hablar.

-¿Cómo es bancar al candidato que viene con pronóstico perdedor y en este contexto? ¿Pensabas que te ibas a encontrar con este escenario?

-Sí, vine a las elecciones pasadas y sabía lo que iba a pasar, cómo iba a estar más o menos. Me imaginaba la cantidad de gente que iba a llegar hasta acá.

A esa hora, pasadas las 0.30, se sabía que el resultado había sido reñido. La expectativa era enorme porque nadie podía estar seguro de la victoria. En un instante, Telesur advirtió la inminencia del resultado y todos se concentraron en la pantalla. Las palabras iniciales de la Junta Electoral, protocolares, prolongaron los nervios. Hasta que se oyó la sentencia: 50.6. En esta oportunidad el número fue decisivo: como acto reflejo estalló el grito de la victoria.

Infografía: http://elcomercio.pe