Entrevista a Lisandro Listorti

En BAFICI 2018 podremos disfrutar la película Infinita de Leandro Listorti. Este joven director y periodista nos trae una propuesta muy interesante a nivel narrativo. Sugiere un film que exige a su audiencia el juego de descubrir e interpretar la (o las) historia(s) detrás del largometraje.

Leandro Listoriti

Infinita tuvo un extenso y creativo trabajo de edición y montaje, puesto que sus creadores recuperaron fragmentos de distintas películas argentinas para resignificarlas. Esta nueva asignación de sentido, que en parte es trabajo de la audiencia, lo hace a través de montajes y la realización de nuevas bandas de sonido.

El mismo Leandro Listorti nos contó su experiencia en la creación de Infinita.

 

 

 

Escuchá la entrevista entera clickeando aquí, programa emitido por Radio Caput el jueves 12 de abril en Caballo de Troya, jueves de 20 a 21 horas.

 

 – ¿Cómo te sentís con la presentación de Infinita en BAFICI 2018?

Me siento muy contento, es un trabajo que nos llevó varios años, así que poder mostrarla terminada es un buen momento.

 – ¿Infinita está hecha con fragmentos de otros films?

La película está armada a partir de distintos fragmentos que nunca salieron, son fragmentos de películas argentinas. Durante todos estos años, investigando cuáles son esas películas, y buscando los materiales (fotos, filmaciones) y a partir de ello hicimos Infinita.

 – ¿La estructura narrativa es muy distinta a la tradicional?

Si, es un poco rara en ese sentido, no hay una historia en el sentido de lo que uno está acostumbrado a ver en una película. Son fragmentos, muchos muy distintos entre si, hay fragmentos en blanco y negro, otros a color. Pero me parece que lo atractivo es ver como esos pedazos heterodoxos se mezclan y el espectador forma con eso una historia. Lo que me gustó de este proyecto fue buscar y recuperar estos fragmentos de otras películas argentinas, muchas veces olvidados por sus creadores por lo que hicimos un trabajo un tanto arqueológico.

 – ¿Qué otros rasgos distintivos tiene Infinita?

Uno sería… las imágenes, algo visualmente muy atractivo en las imágenes, y después está este juego, que es tratar de encontrar cuál es la historia que se esconde detrás de todos éstos fragmentos.

Imagen cortesía de fotogramaniaco.blogspot.com.ar

 – ¿Cómo establecieron el hilo narrativo?

Nos decidimos por utilizar solamente imágenes en movimiento y en soporte fílmico, a partir de eso empezamos a armar la película y no nos guiamos por una sola historia en particular, pasamos de una película a la otra por el lado de la imagen. Y también después por el lado del sonido, al sonido lo tuvimos que crear.

 – ¿Cómo fue darle sonido a películas mudas?

En realidad las películas no eran mudas, tenían sus bandas de sonido pero estaban perdidas, entonces eso nos daba la posibilidad de jugar y pensar otra banda de sonido que fuera posible, fue un proceso muy creativo, de esa manera también pudimos unir imágenes distintas y muy inconexas que con el sonido se juntaban. Y eso ayudó para proponer al espectador posibles historias.

 

Ficha técnica.

Idiomas: Español

Color: Color – Blanco y Negro

Minutos: 54

Guión: Leandro Listorti

Año: 2018

Formato: DCP

Sonido: Roberta Ainstein

Edición: Felipe Guerrero

Pais: Argentina

Productor: Paula Zyngierman / Leandro Listorti

Interpretes: Pepe Soriano, Rosario Bléfari, Ana Katz, Osvaldo de la Vega, Ángel Magaña

Produccion ejecutiva: Paula Zyngierman

Compañia productora: Maravillacine

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El auge de las series españolas

*Por Federico Lartigue
@fedelartigue

Escuchá la nota completa por radiocut trasmitida en Radio Caput

Con la llegada del streaming surgen nuevas formas de consumo, los espectadores podemos elegir qué serie o película ver en el momento que elijamos. Esto trae cambios en el mercado audiovisual y es así como aparecen productos culturales que antes nos resultaban extraños.

El caso que les traemos hoy, es el de las series españolas que están ganando una amplia popularidad en el mercado gracias a Netflix. Merlí, Vis a Vis, El Barco y El Gran Hotel son algunos ejemplos. Estas producciones culturales tienen una clara influencia de directores consagrados como Alex de la Iglesia y Pedro Almodóvar.

Sus estructuras narrativas son extremas, cargadas de pasión y emociones, que por momentos rozan el cliché. Estos rasgos estilísticos de la cultura española le dan un sello distintivo. En un serial de ese país los personajes no son exagerados, aunque lo parezcan, sus cualidades son exaltadas casi al límite.

Si un personaje es adicto a drogas, no veremos sutiles escenas que nos muestren ese rasgo, sino que será una constante en sus intervenciones. Tal es el caso de Tere Gonzalez (Marta Aledo) en Vis a Vis, una mujer yonki adicta a la heroína y el crack, es imposible no percatarse en cada una de sus apariciones, en la primera temporada, que padece síndrome de abstinencia. O Pol Rubio en Merlí (Carlos Cuevas) quien interpreta al “chico rudo” de la tira, rebelde, mujeriego y con problemas familiares que justifican sus dificultades para adaptarse.

Éste estilo narrativo dista mucho del de otros países como en Inglaterra, donde las cualidades de sus personajes no son llevadas al extremo. Se representa la personalidad de las figuras de manera más sutil.

La trama y los argumentos tampoco escapan de la tradición española: las escenas de suspenso, drama o acción están sobrecargadas de pasión y emociones, que quizás puedan parecernos desproporcionadas, pero son justamente el condimento y sello distintivo de su país de origen. En El Barco, producida por Globomedia, observamos a un grupo de estudiantes y profesores perdidos en alta mar sin ningún tipo de contacto con el mundo exterior. En esa embarcación surgen amoríos y deseos de traición tan detallados que podrían parecernos un cliché, pero en realidad forman parte de su narrativa, de la forma de crear y hacer contenidos culturales de los españoles.

 

Netflix dio la posibilidad de ver series que antes no conocíamos, nos amplia nuestro horizonte de expectativas puesto que las producciones estadounidenses abarcaban gran parte del mercado de consumo. Aún así; Merlí, Vis a Vis, El Barco y El Gran Hotel no son un cambio trasgresor en la cultura del espectáculo televisivo. Son parte de la Industria Cultural de distracción y entretenimiento dispuesta a distraernos y mantenernos “anestesiados” de una visión crítica frente a problemáticas más imperantes como la ola de gobiernos neoliberales de derecha que se instauraron de manera global desde hace varios años.

 

Aún así, no con cinismo pero si con conciencia, disfrutemos de la propuesta estética, narrativa y audiovisual que España nos ofrece.

El Organito que siempre vuelve

Buenos Aires fue la “tierra prometida” para muchos inmigrantes quienes buscaron comenzar una nueva vida. Los hermanos Discépolo retrataron esta realidad en la pieza teatral El Organito, donde una familia italiana enfrenta las adversidades cotidianas para llevar un plato de sopa a la mesa.

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El próximo domingo 11 de diciembre será la última función del año de El Organito, dirigida por Gonzalo Villanueva, en el teatro La Vieja Guardia. En marzo de 2017 el segundo ciclo de esta obra clásica del teatro argentino.

La obra está situada en la década del veinte del siglo pasado, cargada de elementos simbólicos nos transporta a la Buenos Aires de aquellos días. Tiene una “italianidad” fuertemente marcada a través de la escenografía, pero muy particularmente en la caracterización de sus personajes.

Los actores logran representar los modismos, ademanes y expresiones “tanas” con una gran pericia, es fácil sentir empatía con ellos. Alexia Escobar interpreta a Anyulina, una madre sumisa y sufrida a causa de los abusos de su marido, Saverio por Diego Freidson, un hombre avaro y mezquino que explota a sus propios hijos con fines económicos. Escobar transmite la angustia y desdicha de aquella pobre mujer, mientras que Freidson la picardía maliciosa de un hombre sin integridad.

Sus hijos: Florinda, Nicolás y Humberto (Arana, Escande y Parente respectivamente) son el reflejo de la falta de espacios para insertarse laboralmente, obligados casi hasta a mendigar, estos jóvenes actores nos muestran la tristeza de su realidad pero su fuerza para salir adelante, al revelarse y enfrentar al tirano. Finalmente tenemos a Roberto Grumberg y Matías Lodeiro en la piel de Mamma Mía y Felipe, con un estilo grotesco que nutre la esencia de los personajes.

Por su parte, Gonzalo Villanueva nos habló de su compromiso con el teatro, este joven director considera que la humanidad es algo que nunca debe faltarle a la dramaturgia. Y particularmente, con esta pieza, busca llevar la obra de los hermanos Armando y Enrique Discépolo a las nuevas generaciones.

Entrevista a Gonzalo Ariel Villanueva.

¿Cómo te sentís con la obra?

Muy bien, buscamos darle un poco más de expresividad al cuerpo, dentro de lo trágico que es la obra, virarlo hacia lo grotesco con algunas cositas cómicas. Lo grotesco es la consistencia entre lo trágico y lo cómico.

¿Cómo manejaron los signos en torno a la Italianidad?

Fue un proceso de investigación: ver películas italianas, comparar con otras obras o adaptaciones argentinas, para ir acercándonos al trabajo y respetamos el texto tal cual está escrito. Digamos, los personajes que son inmigrantes italianos que están en lo que se llama el cocoliche, la mezcla italocriolla. Hubo un trabajo arduo de los actores para que no se pierda la verosimilitud en el trabajo.

¿La obra encierra alguna crítica social?

Por supuesto los Discépolo escribieron sobre su época, y su época fue de un aluvión inmigratorio importantísimo, en las primeras décadas del siglo XX llegaron muchos inmigrantes sobre todo italianos y los Discépolo escribieron mucho sobre ello. Sobre todo acerca del fracaso de la inmigración, algunos se quedaron y lograron hacer La América, pero otros tuvieron que volver a sus países. Un poco habla de eso la obra, del fracaso.

¿Se puede adaptar a los problemas de inmigrares actuales en Buenos Aires?

Creo que se puede hacer un trabajo teatral puesto que somos un país de inmigrantes, hemos sido forjados por italianos, españoles, turcos, judíos y seguimos recibiendo inmigrantes porque de hecho hay muchos latinoamericanos viviendo acá. Ha habido un aluvión de colombianos, peruanos, paraguayos, somos un país de inmigrantes y el teatro puede hablar de ello pero de una manera distinta a cómo lo hicieron los hermanos Discépolo ya que son otros tiempos. En esa época había una cantidad de habitantes que con la llegada de la gran inmigración pasó a ser el doble de gente que había, entonces por eso no les quedaba otra que vivir hacinados en conventillos

En relación a la obra de los Discépolo, ¿creés que es necesario revalorizarla?

La tanada es difícil, pero yo siento la obligación como teatrista y como hombre del teatro argentino de representar éstas obras porque algunas generaciones nuevas que hacen teatro no las conocen. Y además, como han dicho muchos autores referentes, Discépolo es nuestro Shakespeare, lo tenemos que hacer siempre.
Esta obra tan importante para nosotros, escrita por estos dos monstruos que tiene mucha actualidad porque los temas que hablan, más allá de estar implicados en la inmigración, son temas universales, temas de la humanidad que siento que tenemos que seguir revalorizando porque el teatro no se puede quedar sin humanidad. Yo veo nuevas generaciones que por el hecho de buscar la vanguardia dejan de lado la humanidad, y pienso que eso no tiene que pasar.

Encuentros necesarios

*Por Federico Lartigue
@FedeLartigue

Un almuerzo entre amigos, como cualquier otro. La camaradería queda al descubierto en un encuentro donde relatan sus vidas: sus problemas maritales, tristezas, desilusiones, proyectos frustrados, sueños naufragados. Son cinco compañeros de toda la vida que enfrentan la crisis de la mediana edad, se enfrentan a sí mismos, a lo que querían ser y a eso que, como pudieron, llegaron.
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Desde el viernes 7 de junio se exhibe “Almuerzo en la Pura” en el teatro La Galera, Humboldt 1591, a las 22.30 horas. Escrita y dirigida por Ramiro Bianchi, la obra narra una reunión de cinco amigos que atraviesan la crisis de la mediana edad.
La hipocresía condimenta la obra en un sentido positivo. Esa que une en vínculos fuertes, la responsable de no decir lo que se piensa para que nadie salga lastimado. En la obra, los personajes callan lo que pueda generar una herida en el otro pero la solidaridad y el cariño que comparten se hacen presentes mediante la función más sencilla que puede tener un amigo: acompañar.
Ramiro Bianchi supo reflejar en los personajes de qué se trata atravesar aquella crisis de los cuarenta, mirar atrás, reflexionar cuáles fueron las victorias y los fracasos, cómo los prejuicios a veces nos alejan del otro. También introduce subtemas como el divorcio, la homosexualidad y la inseguridad que enriquecen la producción y generan una fuerte identificación con el relato.
El elenco que encarna “Almuerzo en la Pura” – Flavio Abraldes, Natalia Castrege, Eva Matarazzo, Juan Pablo Parigini, Pablo Scorcelli y María Soledad Siboldi – realiza un desempeño impecable. A través del recurso teatral de la contra escena, representan a modo de flash back anécdotas de los personajes. Salen y entran de la piel de los protagonistas. Van del pasado y al presente con tanta naturalidad que enaltece la puesta en escena.
Al entrevistar a Ramiro Bianchi, él mismo nos explicó el desafío de llevar adelante la obra.

 – ¿Cómo te sentiste con “Almuerzo en la Pura”?

Bien, se dio un buen proceso de evolución. No la escribí para nadie en particular, tampoco la hice solo. Empecé a hacerla con un grupo de gente, y después decidí trabajar con personas que no conocía. Con actores que había visto actuar en algún lugar o que me mandaba material, después empezamos a hacer reuniones.

– Entonces, ¿no conocías al elenco antes de escribir la obra?

No, los seis actores son de escuelas actorales distintas: de comedia musical, de cortometrajes, o que recién inician. Gente de distintos palos.
Entonces cada uno fue aportando desde su lugar, que era lo que yo pretendía, una mirada sobre los personajes muy distinta. Todavía hoy lo están armando.

– Contanos la experiencia de trabajar con actores que no se conocían.

Lo más interesante fue armar un vínculo, no de amistad porque no lo somos. Pero que ellos puedan lograr en poco tiempo creerse que son amigos, generar un vínculo como una amistad. Cada uno va haciendo su aporte, en muchas cosas, en el texto hay cosas que quedaron y cosas que no. Está bueno el grupo. Se armó un equipo de gente que se ayuda en los ensayos. Pero lo interesante fue cómo influyeron distintas ideas y lecturas sobre una línea. A veces complejizó y nos quedamos dos horas hablando sobre dos renglones, pero está bueno, ellos lograron parecer cinco amigos en el escenario.

– ¿El principal tema es la hipocresía dentro de la amistad?

Creo que hay algo de eso… a mí me parece que después de un cierto tiempo la amistad y la familia se parecen un poco. Le pongo un sentido positivo a la hipocresía, en el sentido de cosas que se callan para no lastimar al otro, o que se piensan. Pero son personajes antagónicos que terminan siendo solidarios entre ellos mismos, más allá de lo que piensan, y eso tiene que ver con un vínculo anterior a la escena en sí.

– La comedia hace referencia a encuentros y desencuentros, ¿por qué? 

Mirá, yo tengo casi cuarenta años, y hoy en día lo que pasa es eso, si te juntás con la familia o con amigos lo que sucede es eso, si no te divide la política, lo hace la tecnología. La gente está encontrándose en otros medios. Básicamente hay encuentros o desencuentros. Pero no se trata de un reencuentro, sino de “el encontrarse”. Se va perdiendo la posibilidad de encuentro y de charla porque los diálogos son cada vez más disruptivos. Quizás porque uno ya tiene hijos o demasiados compromisos laborales pero creo que acá está el encuentro que es importante, no un reencuentro por Facebook, no pasa por ahí. La idea está en mostrar cuánto nos está costando encontrarnos y darnos a conocer.

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Autor y Dirección: Ramiro Bianchi.
Elenco: Flavio Abraldes, Natalia Castrege, Eva Matarazzo, Juan Pablo Parigini, Pablo Scorcelli y Maria Soledad Siboldi.
Asistente de Dirección y Producción: Laura Wasiman.
Escenografía: El Fino.
Vestuario: Wanda Wajszczuk.
Arreglos Musicales: Luis Maria Bruvera.
Diseño Grafico: Fernanda Presa.
Fotos: Jóse Ludovico.
Teatro:  Teatro La Galera, Humboldt 1591, C.A.B.A., Argentina.
Funciones: Viernes 22: 30hs.
Reservas: (011) 4771-9295 / 153-150-2003. Localidades : $60. Más info  info@lagaleraencantada.com.ar
Finalización: Último viernes de octubre.

 

Crónica del triunfo venezolano

*Por Martín Dalla Zorza
martindallazorza@gmail.com

Madura-Caprile

Descifrados

La embajada venezolana en Argentina había oficializado una cifra: 1405 electores de aquella nacionalidad estaban habilitados para sufragar en nuestro país y elegir presidente. Apenas el 0,007% del padrón, un número ínfimo ya que las elecciones en la República Bolivariana tenían un registro de casi 19 millones de votantes. Sin embargo, esta minúscula proporción no fue medida del fervor con el que se esperaron los resultados en la puerta de la sede.

Varias agrupaciones políticas locales hicieron el aguante en Luis María Campos 170, pleno Palermo, desde el momento en que se cerraron las mesas. La mayoría de la gente comenzó a llegar a partir de las 9, con la tranquilidad de saber que los resultados estarían casi a medianoche. La consigna generalizada era el “¡viva Chávez!”, señal de que se esperaba un triunfo de Maduro por parte de todos los que estaban ahí.

“Somos los hijos de Guevara, los hijos de Chávez y Fidel”, comenzaron a cantar. Los bombos acompañaban y el clima se transformaba a tono de una jornada que era vivida como propia. En una de las esquinas, desde el pasaje ferroviario que cruza la calle a lo alto, idéntico a Puente Pacífico, se desplegaba una bandera de la misma forma que lo hace en la tribuna de un estadio. La figura de Maduro, representada en un muñeco de goma espuma, bailaba en medio de la calle.

Los venezolanos, más calmos, intercambiaban opiniones de lo que podría llegar a anunciar la Comisión Nacional Electoral de su país. “En este momento falta media hora”, dijo muy seguro un hombre. Y ante la pregunta sobre los motivos por los que sabía con precisión el momento del resultado, respondió que “al tener un sistema informatizado, de cómputo centralizado de la información, predicen con certeza el tiempo que van a tardar en llevar a cabo el recuento”. No había escalada de bocas de urna sino que se aguardaba el resultado final, que se comunica una vez que la victoria de uno de los candidatos es irreversible ¿Se podía romper ese hermetismo y conocer novedades? “Se escucha mucho, de uno, de otro, pero hasta ahora información como tal, no. Es difícil creer”, respondió con serenidad.

Cualquier movimiento en el Consejo Electoral se seguía desde una pantalla grande colocada en la puerta de la embajada, en la que se transmitía Telesur. En un instante apareció Tibisay Lucena, Rectora del organismo encargado del comicio, y todos se callaron. Falsa alarma, era un extracto de declaraciones anteriores. Parecía que la información se retrasaría más allá de lo previsto, entonces la señal televisiva decidió poner al aire dos spots acerca de la trayectoria política de cada uno de los candidatos que polarizaron la elección. Primero Maduro: ovación, aplausos, y gritos de júbilo. Luego, Capriles. Silbidos, abucheos y, ante la sorpresa de unos cuantos, un reducido grupo que comenzó instantáneamente a vivarlo. “¡Ca-pri-les, Ca-pri-les!”, repetían esforzándose por romper la desaprobación generalizada.

“Callate, gorila”, le espetó una señora al grupo. “Cállate tu, que yo digo lo que se me antoja”, respondió una joven. “A mí no me vas a callar que estás en mi país”, replicó la primera. “Pero son las elecciones de mi patria, así que digo lo que me venga en gana”, retrucó la caribeña. Cuando el cruce verbal se calmó, uno se animó a hablar.

-¿Cómo es bancar al candidato que viene con pronóstico perdedor y en este contexto? ¿Pensabas que te ibas a encontrar con este escenario?

-Sí, vine a las elecciones pasadas y sabía lo que iba a pasar, cómo iba a estar más o menos. Me imaginaba la cantidad de gente que iba a llegar hasta acá.

A esa hora, pasadas las 0.30, se sabía que el resultado había sido reñido. La expectativa era enorme porque nadie podía estar seguro de la victoria. En un instante, Telesur advirtió la inminencia del resultado y todos se concentraron en la pantalla. Las palabras iniciales de la Junta Electoral, protocolares, prolongaron los nervios. Hasta que se oyó la sentencia: 50.6. En esta oportunidad el número fue decisivo: como acto reflejo estalló el grito de la victoria.

Infografía: http://elcomercio.pe

 

Los números de 2012

Los duendes de las estadísticas de WordPress.com prepararon un informe sobre el año 2012 de este blog.

Aquí hay un extracto:

600 personas llegaron a la cima del monte Everest in 2012. Este blog tiene 3.500 visitas en 2012. Si cada persona que ha llegado a la cima del monte Everest visitara este blog, se habría tardado 6 años en obtener esas visitas.

Haz click para ver el reporte completo.

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